
2011 sera la primera navidad en que mi papa lo va a pasar en el cielo y me pregunto como lo pasara? Que va a hacer? Con quien lo celebrara? Imagino que lo pasara bien; espero no haga frio en el cielo y haria las cosas como cuando era joven.
Lejanos recuerdos tengo de las cosas que le gustaban en esta epoca, pero a pesar de ya estar empolvados por el tiempo que ha pasado, estos siguen frescos como cuando sucedieron.
Dado que mi papa era una persona que disfrutaba muchisimo del buen comer, la navidad venia cargada de platillos que se comian solamente en esta temporada como era el ponche, el bacalao, el pavo, ademas de pequenas cosas que se compraban para estar ‘dandole gusto’ al paladar; turrones, orejones y ‘peladillas’ o almendras cubiertas de azucar. Todos estos manjares de temporada empezaban a aparecer por ahi de noviembre. Cuando el frio en la ciudad se empezaba a sentir y a mi me vestian con abrigo, era la temporada cuando sabia que ciertos sabores iban a empezar a aparecer. Asi alguna vez acompane a mi papa al centro a comprar el bacalao. En aquella epoca, era dificil encontrar buen bacalao, este venia de noruega y no lo habia abundantemente, asi que uno tenia que buscar alguna tienda de ultramarinos, generalmente administrada por un inmigrante espanol, que tenia en trastienda aquellos lomos salados en cajas de madera y que trataban como si fuesen antiguedades u obras de arte. Ahi se hacia la transaccion, el bacalao era muy caro y mi papa compraba lo suficiente para que alcanzara para la cena de navidad y para dias y dias de tortas de bacalao. Aprovechando la visita a la tienda de ultramarinos, mi papa tambien se abastecia de lo que le gustaba de temporada, entonces compraba bolsas de orejones, manzanas secas cuyo sabor hace mucho no pruebo, pero que me hace agua la boca al solo recordarlas. Tambien compraba turron, de Gijona, suave y suculento y de Alicante que era muy duro y tenia una costra como de hostia. No podian faltar las almendras endulzadas llamadas peladillas. Ahi tambien compraba un litro de aceite de oliva, para hacer el bacalao, ademas de los chilitos gueros para acompaniar. De la tienda de ultramarinos finos, nos ibamos al mercado a comprar todos los ingredientes para el ponche y tambien comprabamos colacion, ademas de unos jitomates maravillosos, perejil, mucho ajo y cebolla.
La receta del bacalao a la Viscaina, viene de mi abuela materna quien era un genio en la cocina y su bacalao era legendario. Mi papa aprendio la receta de mi mama; cuando yo era muy pequena era mi mama quien hacia el bacalao, pero poco a poco mi papa se empezo a interesar en el proceso de elaboracion de dicho platillo, asi recuerdo que ambos se juntaban a picar todos los ingredientes perfectamente para que el bacalao quedara de lo mejor. La preparacion del dichoso bacalao era un proceso que duraba todo un dia, si no es que dos! Mi papa se ponia sus lentes de leer y muy diligentemente –como todo lo que hacia-, se ponia a picar las cebollas, los dientes de ajo, el jitomate, el perejil, cada ingrediente se preparaba con el mismo cuidado que se le da a un bebe, con ternura, atencion y mucho amor. Agustin era un hombre muy ordenado y todo lo que hacia, lo hacia de una manera muy metodica, asi, poco a poco los ingredientes se iban convirtiendo en pequenas montanas de cuadritos de diferentes colores y el departamento empezaba a oler a navidad, es decir a bacalao!
Despues de hacer la larga labor de preparacion, procedian a cocer el pescado y a freir todos los ingredientes; recuerdo como con la tipica ansia infantil que exige satisfaccion inmediata a los deseos, yo queria bacalao en el momento en que veia a mis padres empezar a preparar el platillo y desde medio dia, empezaba a molestarles preguntando si ya estaba listo… asi pasaban las horas y ya al final, cuando ya el sol se habia metido y estabamos en oscuridad invernal, y yo moria de tedio, ya mi mama le daba el visto bueno y el bacalao estaba listo.
Este se preparaba antes de nochebuena y generalmente lo llevabamos a casa de los tios, pero solo llevabamos una parte, lo demas se quedaba en casa y lo comiamos como tortas en bolillos, para desayuno, comida y cena, como un recalentado eternamente delicioso. Recuerdo mucho ver a papa cortando el pan a la mitad, sacando un poco de migajon y rellenando de aceitoso bacalao el pan, lo veo con su sonrisa golosa, morder una torta y su cara de gozo al saborear tan rico platillo, le gustaba acompanar estas tortas con un tequilita.
Lo mismo con el ponche, este era su territorio y mi mama no tomaba parte, pero mi papa preparaba el ponche con piloncillo y todas las frutas que se ponen, guayabas, canias, tejocotes, orejones. El caracteristico aroma del ponche se confundia con el del bacalao; esto para mi es sinonimo de navidad. El ponche lo hacia en la tarde/noche y recuerdo tomarlo como a las 7.30 pm, de vez en cuando le ponian ‘piquete’, y siempre habia ponche para quien viniera de visita.
A pesar de que viviamos en un departamento muy pequeno, mi papa siempre gustó de comprar el arbol de navidad mas grande que encontraba y asi llegaba con un arbol de piso a techo que ocupaba una gran parte en un rincon de la salita… osea como una tercera parte del cuarto! La tarea de poner el arbol era exclusiva de Agustin; con el mismo cuidado con el que hacia el bacalao, mi papa se daba a la ardua y para mi extremadamente aburrida tarea de checar cada foquito que iba en el arbol, esto tomaba horas y yo moria de angusta de querer poner el arbol en 10 minutos. Es hasta hoy que me doy cuenta del valor de hacer las cosas lentamente y bien. Recuerdo que mi papa sacaba un aparato negro con manecillas que conectaba y de algun modo magico, checaba cada uno de los focos y a los fundidos les ponia un repuesto y asi pasaba el tiempo con sus dichosas luces. En este tiempo mi mama y yo sacabamos todas las decoraciones, pero yo no podia poner nada, primero habia que esperar que las luces estuvieran bien y luego el tenia que ponerlas. Mi frustracion crecia cuando una vez que las luces estaban en su lugar, mi papa decidia que él era quien iba a poner esferas y diversos adornos y yo quedaba como vil espectador. Cada anio se repetia el ritual de poner un Mickey Mouse que yo hice de una ‘costurita’… de un patron impreso, y este iba casi hasta arriba, luego las mismas esferas y las mismas decoraciones salian de sus cajas e iban a sus acostumbrados lugares en el arbol. …y yo mirando…
Al final era muy lindo sentarse en el sofa junto al iluminado arbol, me gustaba ver mi cara desfigurada en las redondas bolas de colores.
Mi mama ponia el nacimiento y ella si me dejaba ayudarla y me acuerdo que siempre poniamos un laguito de espejo, ahi depositabamos un pez enorme que era mas grande que los borreguitos que pastaban sobre heno fresco. El San José no tenia cara y cargaba un como mazo y los reyes magos dia con dia, se acercaban mas al pesebre.
Cuando habian posadas, Agustin se aventaba a la pinata con los chiquillos y sacaba muchos dulces que siempre ponia en algun pedazo de pinata que recogia, siempre me llamo la atencion que de los grandes, solo mi papa hacia eso y disfrutaba mucho comer sus dulcecitos de pinata…
Las cenas de navidad eran en casa de mi prima Mimi, mas bien en casa de mis tios. Ahi nos vestiamos todos con lo mejor que teniamos y nos ibamos como a las 9 pm, oiamos misa y luego ibamos a la casa de los tios en la colonia Condesa, ahi los grandes [totalmente Palacio] tomaban un trago y los chicos jugabamos con el Scalextric de mis primos o al turista; a las 11pm ibamos a la mesa y el festin empezaba con la sopa de ostiones que hacia mi tio Fernando, seguido de el bacalao de mi mis papas, seguido de pavo con salsa gravy, papas al horno, verduras, relleno y una jalea de estados unidos que era de algo rojo y suculento que mi tio Fernando compraba en alguna tienda de ultramarinos. Mi papa y mi tio Fernando siempre se servian la pierna del pavo y al principio la comian con cubiertos, para terminar con la esquina de la servilleta metida en el cuello, tapando la corbata y comiendo sus piernas de pavo como si fueran hombres medievales. No recuerdo el postre, pero imagino que comiamos turrones o castanias. La platica era muy amena y siempre mi papa acababa acaparando la atencion, haciendo reir a todos mucho, hasta que nos dolia el estomago. De ahi ya dormida y llena de ilusion por la visita del Nino Dios, nos ibamos a casa.
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